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JORNADA MUNDIAL MISIONERAEsta semana queda toda ella orientada por la gran Jornada del pasado domingo. Se trata de una renovación de nuestra conciencia misionera. El Papa Benedicto Nos ha escrito un mensaje. El título del mensaje es “Las naciones caminarán en su luz”(Apoc. 21,24). Dice el Papa: “Objetivo de la Misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.” “La Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que ‘el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo… es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad’(Evangelii Nuntiandi,1), la cual ‘está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia’(Redemptoris Missio, 2)”. A medida que se va conociendo y amando al Señor, se experimenta la alegría de ser enviados. Ya nos lo dijo el Papa Juan Pablo II en la Encíclica REDEMPTORIS MISSIO del 7 de diciembre de 1990: “La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!” (n.2). A partir de esa misma Encíclica entendemos cómo ha crecido el número de personas que necesitan de un anuncio claro del Señor Jesús. “El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión.” (n.3). La misión no debe entenderse como una “tarea” que se podría ver como aspiración de unos pocos en la Iglesia. Todos estamos llamados a ser misioneros. Ahora cuando hemos empezado a hablar de la GRAN MISIÓN que organizamos en la Arquidiócesis, todos nos hemos de sentir llamados a realizarla. Todos estaremos atentos a las invitaciones que se nos hagan para llevar a Cristo, casa por casa, a todas las personas en la Arquidiócesis y para estar dispuestos a salir de los límites mismos de la Arquidiócesis para evangelizar en otros ambientes. Recordando con mucho cariño en el Beato Mariano de Jesús y en la Beata Madre Laura pensemos en unas frases de la Encíclica misionera de Juan Pablo II. “La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad. …La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión.”(n.90).
+ ALBERTO GIRALDO JARAMILLO Tomado de: Pagina Web de la Arquidiocesis de Medellín (portal.arq-medellin.org.co)
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